| Emprender es transgredir |
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Los estudios disponibles hacen evidente que los ciudadanos relacionan el fracaso empresarial con la falta de aptitud personal del empresario/a o con el fraude; o que las entidades financieras son renuentes a invertir o prestar dinero por segunda vez a personas que han tenido que cerrar la empresa que habían creado. Es completamente legítimo el temor al fracaso en quienes han pensado en crear su propia empresa. Se genera pues una inhibición emprendedora a priori, logrando que se descarten alternativas que muy bien podrían convertirse en negocios exitosos. Está claro que el éxito de una empresa depende de varios factores, pero todos ellos suponen que se haya superado el temor al fracaso como principal barrera para tomar la decisión. El reconocimiento de una oportunidad real, la confección de un plan de negocios riguroso y el conocimiento detallado del mercado si bien no garantizan el éxito de un proyecto empresarial, incrementan de manera importante sus probabilidades; pero todos son pasos sucesivos que vienen después de haber decidido correr el riesgo (ojala siempre calculado) de emprender, momento estrechamente ligado a superar el temor a fracasar en el intento. Carlos Emilio Morales
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Europa no parece aún ver con malos ojos el déficit competitivo que implica su bajo número de emprendedores y los problemas que esto le supone a su economía inmersa en una realidad global. El 50% de las empresas europeas no sobrevive los cinco primeros años; sin embargo a pesar del bajo número (comparativamente hablando) de empresas que se crean en Europa, los estudios demuestran que existe una alta correlación entre la desaparición y la creación empresarial. Esto podría demostrar que las empresas no rentables salen del mercado y son substituidas por otras, es decir que la quiebra (cuando es no fraudulenta) puede entenderse como consecuencia directa de la renovación y el dinamismo empresarial.